El sentimiento universal por excelencia tiene explicación

¿Por qué el  ser humano necesita amar y sentirse amado? ¿Por qué el amor es un sentimiento tan poderoso? ¿Por qué se hacen locuras por él? ¿Por qué es ciego?

Los antiguos filósofos griegos pensaban que el amor residía en el corazón. al igual que todos los sentimientos, porque ellos razonaban con la siguiente lógica: “si el corazón late más deprisa cuando siento amor, ¿será porque el amor reside en el corazón?”. Y era un pensamiento complejo y profundo que trataban de explicar de esa forma. Lo que ellos no sabían (y tampoco nosotros hasta hace muy poco) es que ellos hacían aquellas reflexiones con lo que pensaban que servía para refrigerar el cuerpo: el cerebro.

Muchos seguirán creyendo que el amor no se puede explicar y que nunca se conocerán los secretos de ese increíble sentimiento, que sólo se puede vivir, no estudiar. Eso es falso. Hagamos una sencilla reflexión: todo ser vivo lucha por su supervivencia de forma instintiva, y trata de perpetuar la especie a toda costa. ¿Lo hace conscientemente? No. Ahí es donde entra la frase: “¿quién controla a quién? Tú a tu cerebro o tu cerebro a ti?”. El cerebro procura que durante nuestra etapa reproductiva busquemos activamente el contacto sexual. Y nuestra etapa reproductiva dura muchos años, lo suficiente como para que nuestro cerebro nos engañe una y otra vez.

Cuando tenemos hambre o sed y saciamos dichas necesidades, el cerebro nos “premia” utilizando el llamado “sistema de recompensa”, que consiste en producirnos bienestar, euforia, comodidad… toda la felicidad que se nos da consiste en puras y calculadísimas reacciones químicas. Y todo es por un fin claro: supervivencia y especie.

Lo mismo pasa con el amor, y el cerebro nos engaña constantemente cuando hay instintos básicos de por medio, sin importarle cuáles sean las consecuencias posteriores. Cuando nos sentimos atraídos por otro individuo hasta el punto de amar, el cerebro procura que seamos positivos y felices, y para que la relación se lleve a cabo sin ningún problema, hace que perdamos la objetividad y el juicio crítico en cuanto al objeto amado. ¿Otra pista increíble para los que aún se muestren escépticos y me tachen de frío y retorcido? Por naturaleza, cuando el hombre se enamora produce menos testosterona de lo normal, y la mujer experimenta unos niveles más elevados de testosterona. El cerebro trata de hacer que el hombre se parezca más a la mujer y que la mujer se parezca más al hombre para que se comprendan mutuamente. Qué romántico el cerebro, ¿eh? Pues así es, y lo avala la Ciencia. Para los que aún no os lo creáis:

Según estudios científicos: El amor anula una parte del cerebro

LONDRES.- Ya lo advertían nuestras abuelas: el amor es ciego. Ahora, la ciencia acaba de darles la razón. Un grupo de científicos viene de demostrar que los sentimientos amorosos llevan a una supresión de la actividad en las áreas del cerebro que controlan el pensamiento crítico.

Básicamente, una vez que nos acercamos a nuestra media naranja, el cerebro nos juega una mala -o quizá, buena- pasada y decide reducir nuestra capacidad de evaluar el carácter y la personalidad del objeto de nuestro afecto. El estudio, realizado por la University College London (UCL), fue publicado en el último número de la revista científica NeuroImage.
Los investigadores demostraron que tanto el amor que llaman “romántico” como el maternal producen los mismos efectos en el cerebro, suprimiendo la actividad neuronal asociada con la evaluación crítica del prójimo y las emociones negativas. Otro estudio de la misma universidad también demostró que el amor puede provocar reacciones químicas similares a las de la cocaína o la velocidad.
En todos los casos, en sus estados iniciales el amor deja a sus presas “flotando en las nubes”. Una antigua fábula cuenta que una vieja lechuza le suplicó al águila, rey del bosque, que durante sus cacerías perdonara la vida de sus pichones. Compadecido con el llanto y la edad de la lechuza, el noble águila exclamó: “Señora, dígame cómo son sus hijos. Los reconoceré y evitaré comerlos”. Ella no lo dudó: “No tardará en verlos, Majestad, son los bebes más bellos del bosque”. Por las dudas, el águila fue directo a los más feos, y los devoró. Eran los hijos de la lechuza.
La obvia moraleja también tiene ahora sustento científico, ya que el mismo estudio publicado en NeuroImage demostró que la desgraciada lechuza -y muchas madres humanas- no mentían, sino que creían sinceramente en lo que decían.

¿Cómo?
Escanearon los cerebros de veinte mamás jóvenes mientras ellas observaban fotos de sus hijos, otros niños conocidos y amigos adultos. En todos los casos, el patrón de funcionamiento de la actividad cerebral fue similar al de las personas hechizadas por el enamoramiento: eliminación casi total de la apreciación crítica de nuestros seres más amados.

Sistema de recompensa
Tanto el estudio de los enamorados como de las madres registró un incremento de la actividad en el área del cerebro conocida como “sistema de recompensa”.
Cuando esas zonas son estimuladas (por ejemplo con comida, vino o un buen sueldo) producen sentimientos de euforia. Pero lo que más sorprendió a los investigadores es que ambos estudios mostraron una reducción de la actividad de los sistemas cerebrales necesarios para realizar juicios negativos.
El mismo experimento, realizado con animales, llevó a resultados similares. El jefe del equipo de investigación, doctor Andreas Bartels, encontró una explicación sencilla para el fenómeno: es fundamental que tanto el amor romántico como el maternal sean vistos por el cerebro como algo extremadamente positivo. De otra manera, la especie dejaría de propagarse.
“Nuestra investigación nos permite concluir que el relacionamiento humano utiliza un mecanismo para superar las distancias sociales que desactiva las redes de evaluación social crítica y emociones negativas, al tiempo que une a los individuos al involucrarlos en un circuito de recompensa que explica el poder del amor para motivarnos y gratificarnos”, explicó el doctor Bartels.
Pero sí existe una diferencia entre el amor maternal y el romántico. Sólo este último eleva la actividad del hipotálamo, que controla las sensaciones de excitación sexual.
Los “extraños” efectos de los flechazos de Cupido no terminan ahí. Un grupo de investigadores italianos, que estudió a doce mujeres y doce varones que se enamoraron en los seis meses anteriores, comprobó que los hombres disminuían sus niveles normales de testosterona… mientras que el de las mujeres aumentaba.
“Los hombres, de alguna manera, se habían vuelto más parecidos a las mujeres, y las mujeres a los hombres”, explicó la doctora Donatella Marazziti, investigadora de la Universidad de Pisa, a la revista de divulgación científica New Scientist.
Las conclusiones de Marazziti avalan las del equipo de UCL: “Es como si la naturaleza quisiera evitar lo que puede crear diferencias entre hombres y mujeres, ya que es tan importante que la relación sobreviva en esta etapa”.
Otra investigación italiana, publicada en 1999, sugirió que el amor disminuía un neurotransmisor llamado serotonina en el cerebro, dejándola en los mismos niveles que los de las personas que sufren de un desorden obsesivo compulsivo. Este descubrimiento explicaría por qué algunos enamorados suelen obsesionarse con su pareja.

Una especie de adicción
Y los efectos inesperados del amor no terminan ahí. El doctor John Marsden, director del Centro Nacional de Adicciones del Reino Unido, anticipó a la cadena de noticias BBC que la dopamina -la sustancia producida por el cerebro cuando está excitado- produce en el cuerpo los mismos efect os que la cocaína o las altas velocidades.
“La atracción es realmente como una droga. Te deja queriendo más”, dijo el doctor Marsden.
Básicamente, el cerebro “se incendia” cuando la persona empieza a hablar con alguien que encuentra atractivo.
El corazón empieza a latir tres veces más rápido que lo normal y bombea más sangre a las mejillas y a los órganos sexuales, con los conocidos “hormigueos en el estómago” como resultado.
Sin embargo, tal como sucede con la cocaína y la velocidad, “el efecto” es solamente temporario, o dura como máximo entre tres y siete años. El futuro de la relación, entonces, comienza a depender de factores mucho más profundos que un conjunto de hormonas y de caprichos cerebrales.

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9 respuestas a El sentimiento universal por excelencia tiene explicación

  1. Omar dice:

    Marco!!

    mola mxo esta entrada…

    sigue escribiendo que el mundo se pierde tus reflexions y eso no es bueno…escribeeeee

  2. stefanie dice:

    woooooooooowwwww todo esto sobre el amor no lo sabia…. es muy interesante y se deberia hablar mas a menudo porque todos sentimos amor hacia algo o alquien y no sabemos de que se trata o que lo provoca y aqui lo podemos entender bien….. visiten maaaaaas las paginas de amor………posdata: EL AMOR ES MARAVILLOSO….

  3. Nidia Isabel dice:

    Estimados Sres. del bloc rollosdehumanos,me agradó bastante este artículo:pregunto,que pasa cuando la persona siente todos esos sítomas descriptos y está super enamorado, pero es tan analítico y razonable que no se anula parte del cerebro, al contratio gana y anula o (no las demustra) esas sensaciones tan bien explicada por Uds., podrían enviarme la respuesta a eso?? por correo electronico. les agradeceré muchisimo, si aceptan mi pedido. saludo a Uds. con mucho afecto

  4. yoselin dice:

    me pRECE Q EN REALIDAD ES VERDAD ?

  5. javier dice:

    muy buen comentario sobre el amor y como se puede eliminar o controlar el sentimiento de atraccion par poder ser com´pletament objetivo?

    • m4rk89 dice:

      Existen patologías que impiden al sujeto sentir emociones hacia los demás o empatizar con ellas.

      Si eres un alguien con un cerebro sano y normal (con esto quiero decir que no estás muy alejado de la media en la campana de Gauss que correspondería a las condiciones mentales), no es posible ser objetivo sin siquiera pensar en serlo. Ser objetivo requiere un esfuerzo en un cerebro “normal”, puesto que somos seres sociales cuya supervivencia depende en gran medida de la capacidad de socialización e integración.

      La objetividad, sin embargo, no es sinónimo de “0 sentimientos” o “0 socialización”. Tampoco consiste en hacer caso omiso a los sentimientos de los demás, sino a los de uno mismo. Consiste, por contra, en realizar juicios y acciones sin que las consideraciones personales tengan voz alguna.

  6. cupidO dice:

    wuaaaaaaau eso explika q el amr tambien es ciego
    no savia muxas cosas sobre eso!!!!!

  7. me gusto mucho encerio muy detallado

  8. transvestite dice:

    Thanks for finally talking about >El sentimiento universal por excelencia
    tiene explicación | Rollos de humanos <Loved it!

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