El ser inteligente no lo es así por casualidad. El ser humano no sólo se distingue de los demás seres vivos por su capacidad cerebral e intelectual. Desde nuestro antepasado el “Homo Ergaster”, la adolescencia nos distingue de los demás seres vivos en cuanto al esquema cronológico vital. La “invención” de la adolescencia fue uno de los matices distintivos para que el mono se convirtiese en lo que es hoy por hoy. Es una edad interesante por la que todos hemos pasado, estamos pasando o pasaremos algún día. Pero no todo lo interesante tiene por qué ser agradable. El ser humano nace con el cerebro desestructurado e inacabado o no totalmente formado, es decir, que durante sus primeros años de vida deberá terminar dicha formación. Si nos detenemos a observar, por ejemplo, a un tigre, veremos que crece de una forma lineal hasta convertirse en adulto sexualmente en muy poco tiempo, de manera que a los cuatro años está totalmente preparado para tener descendencia, es decir, es plenamente adulto. El ser humano rompe este esquema en el que se basan (con algunas diferencias de tiempo) todas las especies animales. ¿Por qué el ser humano necesita un período tan largo hasta comenzar a formar su madurez sexual con la adolescencia? ¿Por qué la niñez dura tantos años en nosotros? La respuesta es muy sencilla. De nuevo nombro al “Homo Ergaster” para referirme al primer homínido que nacía con un cerebro “incompleto” y totalmente “programable”. Es decir, que la supervivencia de un ser humano depende de la herencia cultural que se le ceda. Por eso tenemos una niñez tan dilatada temporalmente. La respuesta es el aprendizaje. Todos los animales nacen con un cerebro programado para realizar las tareas vitales ya desde los primeros años de vida. El ser humano necesita mucho tiempo para establecer conexiones entre las neuronas de su cerebro que le servirán para caminar, hablar, comunicarse, escribir, aprenderse la tabla de multiplicar, andar en bici, aprender pautas y comportamientos sociales y un largísimo etcétera hasta que alcance la madurez sexual tras la adolescencia. Los adolescentes somos seres aprendiendo a andar en la bici de la sexualidad y la vida adulta. Para entendernos, cada vez que intentamos aprender algo, en nuestro cerebro se crean nuevas estructuras y conexiones… ya sea aprender a coger un bolígrafo o a sumar, cuanto más se repita la acción que queremos aprender, más fuertes serán dichas conexiones. Pero mientras el cerebro no sea capaz de asimilarlo y crear esas nuevas estructuras, no seremos capaces de dominarlo. ¿Qué ocurre en la pubertad? Todos conocemos esa palabra tan conocida y que tanto hace sufrir a padres y familiares de un adolescente: hormona. Las hormonas que provocan los cambios en la pubertad tanto físicos como mentales son enviadas por un querido amigo alojado en el centro mismo de nuestro cerebro al que los humanos hemos denominado hipotálamo. Esta parte del cerebro es la que se encarga de controlar la presión sanguínea, el hambre, la sed, etc. Y llegados más o menos los trece años comienza su trabajo más importante: cambiar el cuerpo para madurar sexualmente. Y para ello deberá enviar compuestos químicos a través del torrente sanguíneo y así llegar a las partes en las que deben actuar para cambiar el cuerpo. Estos compuestos químicos que tanto “alteran la sangre” se llaman hormonas. Sí, ahí están de nuevo. Pero los cambios, reitero, no sólo se producen en el cuerpo, sino que también encontramos alteraciones psíquicas. Y digamos que las conexiones que nos ayudan a controlar nuestros impulsos hormonales aún se están estructurando. Mientras no estén del todo formadas permaneceremos en la adolescencia y seguiremos experimentando cambios. El adolescente ya no es un niño y como tal comienza a plantearse serias dudas acerca de todo lo que le rodea. Para un niño el mundo es blanco o negro, pero para un adolescente ya nada está claro, todo es mucho más confuso y la paleta de colores aumenta. Las preguntas existenciales, el interés que se empieza a tomar por diferentes temas, el planteamiento y resolución de cuestiones éticas y morales cada vez más complejas, etc. Todo esto forma parte de los grandes cambios estructurales que se comienzan a dar en el cerebro del adolescente. Y todo esto crea confusiones, ya que el impacto hormonal que se produce en el umbral entre las etapas niño-adulto es increíblemente fuerte. Es durante la noche, cuando se liberan las hormonas sexuales, y hay noches en las que la cantidad de liberación de hormonas al torrente sanguíneo es superior o inferior a otras. Siendo adolescentes, a veces nos levantamos con la sensación de que nos comeremos el mundo, que nada nos podrá parar; y otros días es todo lo contrario, sentimos que nada merece la pena, y nos planteamos qué significa todo lo que vivimos. Esto explica los cambios de humor y los diferentes puntos de vista que puede ofrecer un adolescente a lo largo de una semana. Explica también las relaciones sociales entre adolescentes, que son pasionales y, curiosamente, pueden ser tan fuertes como débiles. Está claro que nadie nos podremos librar nunca de este tremendo viaje de altibajos mientras existamos. Y a todos aquellos que tan mal lo pasan una semana sí y otra no: no hay que desesperarse, pues esto no dura más que unos cuatro o cinco años en el peor de los casos… de los 12/13 a los 17/18, que tampoco es tanto.
Noviembre 21, 2006 a las 4:43 pm
Qué rapidez!. Ahora vou sair, pero hoxe pola noite poño o enlace no blog da asignatura. Xa comentaremos os artigos.
Deixoche unhas direccións de Flogs que teño por ahí perdidos (son fotografías e cadros meus):
http://www.fotolog.com/anxo38
http://www.fotolog.com/anxo39
http://www.flickr.com/photos/Anxorigueira
Septiembre 12, 2008 a las 7:28 pm
quisiera ver una tabla de valores de el ser humano segun la edad de la persona