La persona miente, pero no miente su manera de actuar dentro de una determinada frecuencia temporal. Debemos hablar de casos emulados para tratar de comentar este tema:
Tenemos a un sujeto llamado Alfredo. Alfredo es una persona habitualmente apática y sumisa en sus pensamientos. Una persona sociable pero retraída. Cuando camina con sus compañeros de la facultad debería estar más contento, pero nunca parece tener motivos para hacerlo… sus amigos están ya habituados a este comportamiento y son felices con él a su manera. Un buen día Alfredo sonríe y su cara parece irradiar luz propia. Está contento, hoy sonríe como nunca e incluso ríe los chistes y bromas de sus amigos. Al contemplarlo tan feliz, sus amigos se sorprenden y le preguntan por qué ese día se encontraba tan extasiado. Él les replica que era un día normal, como otro cualquiera, que por qué iba estar contento por algún motivo en especial.
¿Qué diríamos de esta situación analizándola de forma objetiva? La persona miente para ocultar su anormal estado de ánimo. Él comprende también que es muy extraño ese cambio tan repentino, y más para sus amigos, que debido a su evasiva desconocen el motivo de su aparente felicidad. ¿Podríamos decir que Alfredo está realmente contento con los datos que tenemos? Si somos fríos, esto podría tratarse de una falsa apariencia de felicidad, pero si es así… ¿con qué fin? (Observamos algo muy curioso: a la hora del análisis una pregunta provoca una respuesta que a su vez formula otra pregunta) Con los datos que tenemos, parece absurdo que Alfredo quiera aparentar felicidad, ya que no parece que podamos apreciar ningún fin que lo beneficie, así que descartemos la apariencia de felicidad. Partamos de una base: cuando estamos felices, nada nos molesta, en cambio cuando estamos apáticos, prácticamente todo nos provoca irritabilidad. Si observamos una irritabilidad muy fácil de provocar en Alfredo, posiblemente la causa de la felicidad no sea realmente muy importante y quizás sea de carácter pasajero o momentáneo. Si, por el contrario, a Alfredo no le molestan esas cosillas que nos suelen irritar cuando estamos de mal humor, es posible que se trate de un motivo de cierto peso para él, pero por el momento carecemos de información para sacar más conclusiones. Sigamos con la historia.
Alfredo no es una persona que se limite a pasar todo su tiempo libre con el mismo círculo de amigos, sino que de vez en cuando prefiere cenar con otros compañeros con los que también tiene cierta amistad. (Suponemos que nosotros, los analistas, somos uno de los compañeros del primer grupo de amigos de Alfredo y sabemos que existe un segundo grupo, pero desconocemos a los integrantes de éste). Desde siempre, a Alfredo le gusta ir a los bares a beber alguna caña y jugar al billar, a los dardos o al futbolín con sus amigos. Si tiene esta manera de actuar con nosotros, de seguro que actuará de la misma forma con su segundo grupo de amigos, pero existe una ligera diferencia entre nuestro grupo de amigos y el otro, y es que el único dato que conocemos de sus integrantes es que son todo chicos, unos tres al parecer; sin embargo nosotros somos tres chicos y cuatro chicas. El día que Alfredo llegó tan feliz, fue un día después de haber estado con su otro grupo de amigos, día que no había estado con nosotros. Nada extraordinario hasta aquí, ya que esta situación había ocurrido muchas veces, exceptuando su felicidad al día siguiente.
He aquí una variable de comportamiento. Vemos que todos los parámetros en el día a día de Alfredo transcurren con normalidad y con una previsión casi perfecta, aunque ahora tenemos algo que lo descalabra todo: su felicidad. Debemos analizar esta variable y encontrar su origen para explicar lo que le ocurre a Alfredo. Aunque parezca mentira, inconscientemente seguimos este razonamiento siempre que hay variaciones de comportamiento y nos percatamos al instante de que algo falla en la normalidad, y es la repentina felicidad que podemos apreciar en nuestro amigo. Entonces es cuando absolutamente a todos se nos pasa por la cabeza: ¿qué le ocurrirá para estar así? Algunos “pasan” del tema y no le prestan demasiada atención y otros quieren llegar al fondo de la cuestión, pero lo que sí podemos decir es que tanto a los primeros como a los segundos se les pasa por la cabeza esa misma pregunta… ¿se trata de que a los segundos les importa más Alfredo que a los primeros? Absolutamente no tiene que significar tal cosa, sencillamente es la forma de ser de cada cual. Volvamos a nuestro objetivo tras esta breve desviación, que aun siendo una desviación no la convierte en innecesaria a la hora de reflexionar sobre una cuestión:
Debemos sospechar que a Alfredo le ocurrió algo extraordinario exactamente ese mismo día, ya que nosotros habíamos estado con él el día anterior y el posterior a su salida con el segundo grupo de amigos, y el día anterior se le veía apático como de costumbre, serio, triste en el fondo. Por otra parte, el día después encontramos ese repentino cambio de apatía a felicidad imperturbable. Algo extraño pero que, al fin y al cabo, ahí está. Ahora es cuando llega la hora de la especulación y la creatividad para descartar hipótesis y aceptar otras:
Podemos decir que alguno de sus amigos le obsequió con algún regalo agradable e inusual. Quizás algún objeto especial, una colonia, un reloj nuevo… aunque es ilógico dado que no era ninguna fecha especial para Alfredo, ni su cumpleaños, ni su santo… nada. Además el día después olía como siempre y como siempre no llevaba reloj cuando le tuvimos que dar la hora un par de veces. ¿Podríamos descartar el obsequio material? Sí, o por lo menos en principio, ya que además nos avala un dato más: el obsequiar un objeto no es para Alfredo y para casi nadie motivo de una felicidad perdurable como la que él parecía tener. ¿Podría quizás tratarse de algo no material? Lo más posible es que así sea. Dejemos por lo tanto a un lado las posibilidades materiales y centrémonos en las relaciones sociales que pueden tener a Alfredo así de contento. ¿Pudo tener algún roce que ahora está solucionado con alguno de los amigos de su grupo? Eso podría ser, ya que todo encaja… pero hay un problema: como siempre está apático nunca sabremos si le ha pasado algo malo, ya que su personalidad es así y no podemos determinar cuándo se encuentra en un estado “normal o habitual” o “de malas” por algún tipo de problema. Así que esto puede despistarnos algo, aunque seguramente se le hubiera notado un ligero enfado si hubiese problemas entre su grupo. Al ser tres amigos podemos determinar dos cosas:
1. Si se enfada con uno de ellos, siempre habrá un tercero preocupado por su amistad que intente solucionar las cosas y normalmente acabe solventando dicho roce, por lo que podemos sospechar que quizás tuvo algún problema con uno de ellos y que el tercero lo pudo solucionar.
2. Es un grupo reducido y encontramos una pequeña contradicción a nuestras sospechas: si está con ellos es porque está a gusto o… quizás está con los dos simplemente porque está cómodo con uno de ellos, el cual a su vez es muy amigo del tercero, con quien está Alfredo no porque le guste estar con él, sino porque si quiere que el segundo lo acepte (es decir, con el que está a gusto) debe respetar al tercero… pero he aquí un problema: la personalidad apática de Alfredo le impide fingir de tal manera y no estaría con los dos, sino que sólo quedaría con uno, evitando al tercero.
Y hablando de la personalidad apática de Alfredo: una riña con un amigo finalmente solucionada no es motivo de tal felicidad para él… sí, puede que se encuentre ahora más a gusto o sin ese peso encima, pero alguien como él no es tan propenso a llevar esa felicidad a tales extremos. Digamos que es para él una alegría, pero menor, sin demasiada importancia como para ir sonriendo como un niño por ahí. Esto descarta la posibilidad de la riña, o por lo menos por ahora, por lo que debemos realizar más especulaciones. Comparemos su grupo con el nuestro a ver si llegamos a alguna conclusión o nueva especulación: en nuestro grupo somos tres chicos y cuatro chicas contándolo a él, como ya dijimos; en el otro grupo sólo encontramos chicos, tres en total, contándolo a él. ¿Qué diferencias hay? En el otro grupo tiene quizás más libertad de expresión ya que el grupo es más reducido y de sus mismas ideas (o eso debemos pensar, ya que parece encontrarse a gusto con ellos). Pero a parte del número de integrantes de los grupos… ¿qué más diferencias encontramos entre ambos? El género de los integrantes. ¿Por qué sale un grupo mixto de personas por ahí? Para pasarlo bien en familia, posiblemente. ¿Por qué sale un grupo tan reducido de chicos? Posiblemente a pasarlo bien también, pero… ahora tenemos algo más: el “ligoteo”. Especulemos ahora acerca de esto:
A Alfredo le gustan las mujeres, pero nunca fue mujeriego, ni mucho menos… además siempre respetó enormemente a las chicas de nuestro grupo y las trataba como iguales. Él sabía que eran unas amigas más y nunca adquirió un comportamiento machista ni “sobón”, ni aun gustándole alguna de las integrantes de nuestro grupo, en el caso de que fuese así. De modo que tampoco era excesivamente interesado en ligar… siempre fue de las típicas personas de “si cae, muy bien, pero no busco nada”.
Ahora podemos sospechar que quizás entre esos tres amigos del grupo paralelo al nuestro hubo algún asunto relacionado con una chica. Lo a simple vista más probable es que uno de sus dos amigos se encontrara con una conocida y se la presentase a Alfredo y a su otro amigo… (una ex novia, una compañera de clase, etc.), ya que seguramente esto no estuviese planificado para que la conociesen, por eso de que Alfredo “no lo busca”. Pero quizás a Alfredo le causó una buena impresión esa chica, ese sentimiento fue recíproco y surgió algo. Eso sí encaja. Eso sí podría causar tal felicidad en Alfredo, pues la vida le brindó algo que no tenía desde hacía unos años, y eso en un ser humano causa una grata sorpresa. Ya tenemos una hipótesis de enorme peso que explique la profunda felicidad de Alfredo. ¿Tendremos razón? ¿Habremos acertado? Es más posible que la respuesta sea sí que sea no, debemos ser optimistas tras tal “comedera de tarro”. Ahora tenemos dos opciones:
1. Tener en cuenta la ética y ser elegantes dejando que pase el tiempo para comprobar si nuestras hipótesis eran acertadas o no, como quien esperando a que ocurra algo o a que “lo suelte” él solo. De esta forma tenemos en cuenta su privacidad hasta que él crea necesario o propio hacérnoslo saber… de esta forma empatizamos con él y tenemos presente un mínimo de ética.
2. Saltarnos la ética y espetarle a Alfredo nuestra hipótesis, corriendo el riesgo de quedar fatal si no es cierto. Quizás muchos no prefieran esta opción y quieran ser prudentes teniendo en cuenta su imagen y la amistad con Alfredo dándole su confianza cuando espera a que él nos lo diga… eso si él quiere. Pero algunos no desean esperar y quieren saber inmediatamente si sus especulaciones eran correctas o no; simplemente por ese impulso de “competir”, ya que el acertar produce una gran satisfacción en estos casos para mucha gente. Y esta gente no se arriesga a que surja algo que lo haga caer a todo en el olvido esperando y dejando que el tiempo se lo desvele, ya que eso supondría no saber nunca si estábamos en lo cierto o no.