No nos damos cuenta de nuestras alteraciones porque creemos seguir actuando y pensando siempre igual, sin alteraciones, sin perturbaciones. Pues muy mal; he aquí un ejemplo de variable dentro de los patrones lógicos del comportamiento humano debido a factores externos: cuando la luna alcanza su plenitud en cuanto a brillo de luz solar (Luna Llena), nuestra perfección de las situaciones varía ligeramente, en ocasiones de una manera ínfima, pero aumenta nuestra seguridad, nuestro apetito sexual y nuestros instintos más básicos e incontrolables. Sí, sí… esto puede hacernos mucha gracia, pero las carcajadas no pueden desmentir esta realidad. Es mejor pensar que las locuras que comete el ser humano siguen siendo por motivos lógicos y demostrables, ya que si no encontrásemos esa variable, el patrón de comportamiento humano ya no sería un patrón cuando tiene una variable inexplicable. Cuando somos capaces de aislar dichas variables y explicarlas desde un punto de vista lógico, somos capaces de seguir diciendo que el patrón continúa haciendo honor a su nombre. ¿Cómo explicarlo de una manera gráfica…? Veamos unas sencillas líneas de código de programación con unos operadores matemáticos de fácil comprensión:
i = 1;
while (i > 0) {i = i++}
Traducido, esto quiere decir lo siguiente:
La variable i tiene un valor numérico de 1;
mientras i sea mayor que 0 ocurrirá que a i se le sume una unidad (i++ = i + 1)
Si nos fijamos, i SIEMPRE será mayor que 0, por lo que siempre se cumplirá la condición y por tanto se sumará 1 a i de manera cíclica e infinita. Eso lo sabemos, podemos predecir que i nunca dejará de sumarse y que nunca será menor que 0… pero, ¿y si dentro de ese parámetro lógico-predecible realizamos una variación que lo cambie todo? ¿Y si de repente, siendo nosotros la Luna, tras 10 ejecuciones del código (es decir, cuando i sea igual a 11) hacemos que i tenga su valor (11) menos 20? Entonces i valdría ahora -9, por lo tanto esta variación altera el razonamiento lógico-predecible que antes tuvimos… ¡Ja! Ahí lo tenemos… la diferencia está en que nosotros podemos explicar el por qué ahora lo lógico no resulta ser lógico… sabemos por qué i es ahora menor que 0 y por qué el código no se seguirá ejecutando hasta el infinito… ¿y si no supiéramos el por qué de esa variación o de esa manera de actuar del código? Nos perderíamos y supondríamos que tal cosa nunca es predecible, ya que varía a su antojo y sin poder ser previamente calculable. Pero, ¿por qué lo sabemos? Porque adquirimos unos conocimientos básicos sobre la matemática que nos lo explica a la perfección, ofreciéndonos la lógica que buscábamos para comprender tales comportamientos. Del todo es cierto que el comportamiento humano no es una matemática infalible como el ejemplo que acabamos de ver, pero sigue siendo calculable… en menor grado y no con tanta exactitud, pero sí predecible en gran proporción de probabilidades. Que esa es otra diferencia: en la matemática del ejemplo anterior no necesitamos manejar los porcentajes de la probabilidad que habrá para que i valga finalmente -9, ya que podemos calcular EXACTAMENTE lo que valdrá, al 100%, sin ni siquiera poder desmentirlo, ya que sería absurdo desmentirlo y luchar con un 0% de probabilidades de que eso no sea verdad. En cambio, en el comportamiento humano sí debemos jugar con estos porcentajes, puesto que las variables pueden ser innumerables y dejarnos K.O. ante lo que parecía obvio. Por ello podemos optar por resignarnos y no intentar analizarlo o probar a jugar con la mejor herramienta: cuanto más porcentaje de aciertos a nuestro favor, tanto mejor. ¿Qué debemos hacer para mejorar nuestro porcentaje de aciertos y así no jugar al azar? Despejar el mayor número de variables que pueda haber en ese comportamiento o manera de actuar. Cuanto mayor sea el número de variables explicadas de una manera lógica, mayor será el porcentaje que nos apoye a la hora de plantear nuestra hipótesis acerca de lo que podrá hacer una persona.